Usamos esta expresión para indicar que en caso de una circunstancia adversa podemos optar por otra menos mala cuando no queda otra opción.
El origen tiene dos hipótesis. La primera es sencilla: Cuando alguien se pierde en un terreno inhóspito una manera de "escapar" de esa situación es intentar acceder a la orilla de los ríos y seguirlos, dado que tarde o temprano encontraremos o el mar y tendremos un escape o alguna edificación, comúnmente asentadas en sus proximidades y pediremos auxilio.
La segunda proviene de las batallas que transcurrían cercanas a los ríos, en el caso de que las cosas se ponían realmente feas y la retirada era a la desesperada, muchos soldados optaban por lanzarse al río y dejarse llevar por la corriente a su suerte.
